
La presencia de un tumor exige dos tipos de tratamientos, por un lado la extirpación del mismo, si es posible y por otro el tratamiento sistémico de la enfermedad. En otras ocasiones y después de un periodo, pueden aparecer metástasis únicas o recidivas locales sobre zonas intervenidas o ya radiadas. La operación es la terapia de elección pero esta no deja de estar asociada a riesgos, de la operación “per se” sino también por facilitar la diseminación del tumor. En estos casos, una posible alternativa a estas técnicas lo representa la GTP
Todos los tratamientos convencionales oncológicos tienen en común que ocasionan un daño en el cuerpo, mayor o menor según los casos, pero en todos ellos hay una clara agresión al cuerpo con el “pero” de que, ni siquiera, cuando el tumor es pequeño y se extirpa totalmente, podemos garantizar que la operación sea suficiente (esta es la razón por la que con frecuencia debamos acompañar con otras terapias las intervenciones quirúrgicas) para que no vuelva a reproducirse.
La RT y la QT precisan unas condiciones concretas en los tejidos para que puedan desarrollar su eficacia. Así por ejemplo cuando hay una situación de anemia, la RT tiene muy poca eficacia o la QT que precisa de un riego sanguíneo del tumor, ya que sin este, no puede alcanzar en las dosis necesarias, el tejido canceroso y de esta manera eliminarlo si dicho tejido es sensible a la QT. Muy “grosso modo” estos problemas son algunos de los que ocasionan la resistencia de los tumores a los tratamientos.
Un poco de Historia:
En los años 20 del pasado siglo se comenzó a realizar los primeros tratamientos de tumores con corrientes eléctricas. La coincidencia en el tiempo con el gran auge de la RT y posteriormente de la QT y el hecho de que en un principio fuera una terapia aditiva, hicieron que pronto cayera en el olvido. En los años 80, con los trabajos del Pofesor Nordenström (presidente del comité del premio Nobel) junto con el Profesor Yu Ling Xin de Pekín (en China su uso comenzó en el año 88 y en el 92 empezaron a aparecer los primeros resultados estadísticos de este método) los que retoman el sistema y el austriaco Dr. med. Rudolf Pekar el que da los primeros protocolos de tratamientos y publican los primeros estudios.
Las características del tejido tumoral son muy especiales. En primer lugar, la célula está muy alcalinizada en su interior por la alteración de la membrana (antiportadores Na+/H+) pero el exterior de ese tejido está altamente acidificado. Estos dos elementos hacen a la célula tumoral muy resistente a los ataques de la QT a la vez que favorece su crecimiento anómalo. El físico español Dr. A. Bru relaciona justamente el crecimiento fractal de los tejidos tumorales por la acidez existente en la zona peritumoral. La corriente eléctrica encuentra mucha menos resistencia cuando se desplaza por ese tejido en comparación con el tejido sano y por ello, si ponemos unos electrodos alrededor del tumor y hacemos pasar una corriente, esta se desplazará por dicho tejido, si la corriente puede alcanzar esta zona. Una vez que la electricidad empieza a circular por el territorio tumoral se producen las correspondientes modificaciones en los iones, según su carga: H+ y Na+ se irán hacia el cátodo mientras que el Cl- irá al ánodo. La membrana celular se despolariza y se forma ácido clorhídrico. Posiblemente sean por estos efectos junto con la alteración del pH que se produzca la destrucción de las células tumorales. Las características del tejido sano hacen que dicha corriente no le influya. Se trata de una intensidad de corrientes continuas concretas con intensidades máximas de 75 mA y de 35 V.
Se trata de hacer pasar una corriente continua por el tumor y para ello precisamos de unos electrodos que nos hagan de ánodo (+) y cátodo (-) así como un generador de corriente.
Los electrodos pueden ser de dos tipos:
Planos: se sitúan sobre la piel. No provocan ninguna lesión en la misma excepto un cierto enrojecimiento en el lugar de aplicación en las pieles sensibles que no precisa más tratamiento que una hidratación abundante. Las quemaduras son extremadamente raras y casi siempre como consecuencia de alguna crema que el paciente se ha aplicado antes de la terapia.
Agujas: Si podemos “cercar” el tumor logramos una eficacia mucho mayor. Por eso en los tumores en los que por su situación es posible hacer esto, las agujas de platino son la terapia de elección. Evidentemente, esta técnica debe de valorarse ya que no deja de tratarse de una agresión al organismo con el pinchazo. Las agujas son mucho más intensas en su acción y por ello, antes de su aplicación, precisamos anestesiar la zona, no por el pinchazo sino por la sensación de escozor producida por la corriente durante la terapia. Por lo demás no hay riesgos significativos.
Tanto en una como otra forma de aplicación la máquina que genera la corriente está conectada a un sistema informático que controla todo el proceso y evita que puedan cometerse errores a la vez que va informando del comportamiento de los electrodos o lo que es lo mismo, como va trasmitiéndose la corriente por los tejidos. Esto es muy importante ya que en función de las gráficas que se generan podemos saber si el tejido tumoral está siendo alcanzado o no y con las siguientes terapias ver la evolución del mismo al elevarse la resistencia eléctrica fruto del cambio de tejido tumoral por cicatrizal
Como anteriormente se ha mencionado, la electricidad va destruyendo a las células tumorales y provoca por lo tanto una necrosis de las mismas. Estas células muertas (necrosis aséptica) deben de ser eliminadas del cuerpo, por medio del tejido linfático o en otras ocasiones sencillamente se abre camino al exterior formando una ulceración que cura en unas semanas sin dejar nada más que una cicatriz. Casi nunca esta ulceración da molestias.
La necrosis tumoral tiene sus consecuencias en las analíticas y en las imágenes que convencionalmente hacemos como control de la enfermedad y las características de mejora son idénticas a las que produce una QT o RT.
Por todo lo anteriormente explicado se desprende que la GTP se usa cuando el tumor está perfectamente delimitado. Se trata por lo tanto de una terapia LOCAL. Su uso, cuando la enfermedad esta diseminada, es mucho más limitado, en principio, solo para intentar disminuir masas que pueda estar dando síntomas por el volumen y en alguna ocasión cuando se están realizando terapias de corte inmunológico, la destrucción tumoral puede ayudar a mejorar la respuesta inmune del cuerpo hacia el tumor. Es fundamental decir, que en nuestro concepto, los tumores no son NUNCA problemas locales y por ello los tratamientos sistémicos deben acompañar siempre a estas terapias.
La aplicación de la GTP puede realizarse en tejidos que previamente han sido irradiados o que puedan serlo en el futuro, teniendo en este caso, incluso un efecto sinérgico positivo. La QT tampoco representa un impedimento si bien no debe de hacerse GTP simultáneamente ya que la propia polaridad del citostático empleado, puede dar lugar a que la QT no alcance el tumor. Los metabolitos activos de la QT duran muy pocas horas y por ello puede hacerse la GTP 48 hrs. más tarde sin influenciar el posible efecto de la QT.
Como cualquier otra terapia la GTP no es una panacea pero si, un arma más para combatir a los tumores dentro del concepto local, y por ello que precisa de un tratamiento sistémico. Son muchos los países (EEUU, Rusia, China, Austria, Alemania, Italia, Dinamarca etc.) que en estos momentos aplican esta terapia y en particular el Prof. Grönemeyer D.H.W. University of Witten/Herdecke, Institute for Radiology and MicroTherapie, Bochum, Germany quien está trabajando con esta técnica.