
De todos es conocido el efecto tan extraordinario que representan las lavativas. Esta terapia tiene una antigüedad de más de 5.000 años pues era empleado por los egipcios. En los baños termales de la Edad Media, representación simbólica de la limpieza del alma, las lavativas formaban parte fundamental de dicha terapia. Pero no hace muchos años, esta forma de curar, formaba parte de la mayoría de consultas y estaba presente en muchos hogares. La HC, con las posibilidades técnicas actuales, proporciona considerables mejoras a una terapia inocua y de alto poder curativo, particularmente en una situación como la actual, en donde la mayoría de enfermedades tienen una relación directa con toxinas acumuladas.
El paciente se tumba en una camilla cómodamente y se le introduce cuidadosamente en el ano una cánula desechable, unida a un tubo flexible el cual, a su vez, va hasta el aparato de HC. A través de dicho tubo y con una ligera presión, vamos introduciendo en el intestino grueso (IG) agua, previamente bien filtrada y calentada. Durante esta fase el terapeuta va haciendo un masaje en el intestino que favorece la progresión del agua en el mismo. Este agua va disolviendo viejos restos de heces así como gran cantidad de células muertas de descamación.
Todo este contenido se evacua a través del aparato y el material así eliminado, es controlado por parte del terapeuta. El agua que se introduce tiene diferentes temperaturas: a 41ºC se logra una relajación de la musculatura, permitiendo que pasajes del IG que ofrecen resistencia al paso, vuelvan a hacerse permeables. Una temperatura de unos 22ºC provoca primeramente una contracción de toda la musculatura intestinal para producir inmediatamente después una mejora de la circulación sanguínea.
Gracias a estas diferencias de temperatura, al masaje que se realiza al mismo tiempo y al efecto de llenado con el agua, el intestino logra recuperar la fuerza contractiva del movimiento peristáltico, que temporalmente estaba disminuida. Imágenes radiográficas muestran estos efectos: limpieza y mejora peristáltica, sin ningún tipo de dudas.
En la última parte de la terapia se introduce agua ozonificada, la cual ayuda a disolver aún mejor posibles restos y sobre todo, permite que la flora bacteriana, parte fundamental de nuestro sistema inmunológico y en el que se basan la mayoría de las terapias aquí realizadas, tenga la oportunidad de eliminar a la flora patógena y con las correspondientes terapias y alimentación, favorecer la presencia de la flora simbiótica positiva. El resultado es sencillo: mayor capacidad de defensa frente a las enfermedades y una mejora de la calidad de vida.
Con las lavativas, las cuales suelen oscilar entre 1 y 2 litros de agua, alcanzamos sólo la última parte del IG y se reparte de manera poco regular en el mismo. Su acción por ello, no suele pasar de ser sólo sobre restos fecales recientes. En la fase de eliminación pueden producirse molestias por la rápida liberación de esa cantidad de líquido.
La HC, gracias a su presión y volumen irrigado, logra una humidificación real del IG hasta la válvula ileocecal, comienzo del intestino delgado. Como el tratamiento se realiza en un circuito cerrado, se controla la velocidad de vaciado evitando, de esta manera, cualquier posible contractura abdominal. La terapia, por dichas características, tampoco produce ningún olor. La cantidad de líquido que se emplea es de unos 25 l. , lo que permite llegar a todo el IG para lograr los efectos buscados. Cada terapia dura entre 45 – 60 minutos y según los casos la cantidad de terapias precisas es de 2 a al semana durante unas 3 semanas.
Las indicaciones terapéuticas más importantes, junto a las sintomatologías antes mencionadas, son las siguientes:
Las contraindicaciones son sólo las inflamaciones agudas de intestino.